Dicen que la vida es como un viaje en tren, con estaciones, pasajeros, billetes de ida y vuelta… Dicen que hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, que o los tomas a tiempo, puntual, o los pierdes para siempre. ¿A quién no le ha pasado?
Reconozco que he sido puntual en mi llegada a las estaciones,
que siempre he comprobado los horarios y meditado los mejores destinos,
y que aún así, a veces elegí rápido, fácil, sin revisar demasiado, “aquí mismo, aquí me vale”.
Quizá por eso en más de una ocasión dejé escapar trenes que me habrían hecho ser, con total certeza de otra forma, no sé si mejor o peor, pero distinta…
No sé tampoco muy bien, si lo elegí o me lo impusieron, pero ante la duda prefiero pensar que lo decidí yo… que supliqué por parar en estaciones absurdas…
Reconozco que puse el cartel de “ocupado” cuando más vacía estaba,
que me negué a arrancar cuando más necesita escapar,
que huí cuando debería haberme quedado un rato más.
Hoy reconozco que me fui al último vagón y me senté de espaldas porque me daba vergüenza el mundo.
Que cerré los ojos y me dejé llevar porque no me quedaban ilusiones con las que seguir viajando.
Que si volví a viajar no fue por ganas sino por necesidad.
Que si fue por necesidad fue porque a veces te dejas arrastrar por no quedarte quieto.
Porque quien está quieto está muerto.
Porque para estar muerta me sobra el tiempo.
Porque no estamos para desperdiciar el tiempo.
Porque a veces a destiempo, se toman y se dejan escapar los mejores trenes.
Porque reconozco que tal vez no pueda ofrecerte la mejor de las compañías pero tampoco me voy a quedar sentada evaluando si me conviene o no, prefiero jugármela porque “el que no arriesga no gana”, aunque hay veces que no es necesario arriesgar para ganar. … :)
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